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I
La princesa fea
La princesa entendió que era fea y que nadie la quería, que le huían, que nadie quería escucharla y eso le dolió porque su papá siempre le dijo que ella sería un día la reina. Hoy la princesa llora porque hasta la bruja más mala de todo el reino también se ha ido con dos calabazas secas a hechizar a otras ovejas.
Los diarios del reino informan día a día de cosas que son cuentos vacíos con magia inexistente en donde quieren hacer creer que la princesa será coronada y es que el lobo del castillo oscuro aúlla bajo el efecto de brebajes que lo han hecho un zombie.
¿Será acaso que el príncipe del pueblo miserable e ignorante sea coronado? Le preguntó la princesa a su espejo mágico. No, le respondió el objeto endemoniado, el príncipe es como tú, una gran mentira, un gran engaño. ¿Qué pasará con el reino y con los señores que están muy enseñorados? Cuestionó la muchacha. Pasará que sus fiestas las pagarán con su dinero.
La princesa enloquecía ante la realidad que el espejo le decía. Una noche estando sola en su habitación apareció un sapo que hablaba: princesa fea, ya no llores, es mejor que no seas reina porque a las reinas que ofenden a su pueblo siempre les acaban cortando la cabeza. La joven enrojecida preguntó al sapo ¿y qué será del príncipe? Descuida princesa, no te preocupes por él, es mejor que comprendas que este es tiempo de plebeyos, la gobernará la gente por derecho.
II
El burro que se creía Pegaso
“Y volarás entre las nubes más bellas y todos te amarán para siempre” le narraba su madre cuando pequeño y él creía que así sería. Con el paso de los años creció entre padrinos y madrinas que le hicieron todo fácil y para llamarlo le decían “tú eres Pegaso, el más bello de todos” y genuinamente él volaba en el cielo dando besos a las montañas de caramelo aprobando materias por ser hijo o sobrino de alguien importante.
Pasó más tiempo y sus amigos y parientes le hacían todo fácil, a su alcance, nadie le exigía nada más que ser obediente. Un día fue el más poderoso de los habitantes de su aldea pero llegó a esa jefatura por conspiración de su familia y alcanzó la opulencia y le dijeron que podía ser el más importante de todos ellos, así pues lo enviaron a competir por el cetro del reino.
Estando ya en las nubes de sus sueños se creyó monarca indiscutible y afanosamente asistió a la feria de la alfalfa. Él tenía su propia cosecha de la planta y llegó a mofarse del resto pero nunca esperó que el mago de las letras le pidiera que narrara cuál era la mejor de las alfalfas y no supo qué decir. Todos se rieron de él y no tuvo más sueños ni más rescates de sus parientes.
Lloró tanto que la lechuza le pidió que fuera al espejo del cerro mágico a ver su realidad en un espejo. Llegó sigiloso y temeroso y se sorprendió enormemente cuando descubrió que no era un Pegaso blanco sino un burro gris y opaco.
III
¿Rebelión en el bosque?
Esta mañana la liebre se levantó animada, el inviernos está yéndose para dejar a las praderas y bosques con muchos verdes y hartas flores. Todo se ve bien, pensó la liebre, así que con sonrisa amplia mostrando esos enormes dientes fue a ver al búho que informa todo lo que acontece. Al llegar vio al ave nerviosa, preocupada, incluso un poco enojada.
¿Qué te pasa? Preguntó la liebre al búho. Lo que pasa es increíble, respondió, es que han tomado el poder de la República Animal las víboras de cascabel y pretenden hacer que todos creamos que lo único valioso en nuestra vida es tener la capacidad de arrastre, de morder con veneno y agitar la cola para hacer ruido, tú y yo seremos declarados ilegales.
Eso no puede ser, dijo la liebre, es imposible que todos podamos vivir en este lugar siendo como las víboras, lo bonito de aquí es que existimos toda clase de seres y con ello hemos logrado hacer una República llena de vida y de muchas ideas, veamos al Senado, ellos nos defenderán de esta ignominia que traiciona nuestra historia y a nuestra identidad animal. El búho cabizbajo le respondió: eso será muy difícil liebre, las víboras han comprado a los senadores. Ellos ya no nos representan.
¿Qué hay por hacer? Preguntó la liebre. Sólo tenemos dos opciones, hacer el mayor escándalo nunca escuchado en el bosque protestando o colocarnos un grillete de esclavos. La decisión es absolutamente nuestra.
IV
El mensaje de Burro
La Princesa Fea por un lado lloraba y lloraba y en otro lado el Burro que se creía Pegaso regalaba alfalfa a los heraldos de la Corte de los Hechiceros pero ni así lograban ser populares para ganar la corona del reino y cada vez que decían o hacían algo erraban.
La Princesa Fea creía que siendo martirizada la elegirían como reina pero eso no sucedía, así pues le escribió al Burro que se creía Pegaso: “Eztimado Vurro, por máz ke kiero zer la reyna no puedo azí ke penzé ke zi me azeptaz como amiga llo te pazo a miz zeguidorez y ganaz y ya”. La propuesta parecía interesante para el asno pero como este es un animal soberbio y creído decidió responderle así: “Querida Prinzesa Fea: Llo zoy el maz vonito de todos en este reyno y pago mucha alfalfa para ke todoz me kieran i avlen bien de mi, azi ke kuando gane te yamaré para ke seas mi zirvienta, lla no yores, llo te alludaré”.
La carta absurda y tonta fue interceptada por los pájaros azules convertidos en heraldos del pueblo del reino y dieron a conocer el mensaje a todos los súbditos y siervos que se rieron de los que quieren gobernarles desde Palacio echando por los suelos los sueños fatuos de esas mentes necias.
Moraleja: Si inflas las encuestas, no lees y escribes con errores ortográficos no te hagas tonto, no tienes el IQ para gobernar. El autoengaño… hace daño. Y si no quieres que se digan cosas malas de ti, simple, no las hagas.
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