Se habla de tecnología disruptiva cuando surge una herramienta que desplaza a otra, debido a las nuevas necesidades que fueron moldeándose con el uso de la herramienta desplazada. Así, por ejemplo, los transistores dejaron obsoletas a las válvulas y los reproductores de cd´s al vídeo. Algo que actualmente comienza a tener mucha importancia a la hora de plantear estrategias de desarrollo en los departamentos de I+D de muchas compañías.
Se produce entonces una innovación de ruptura: un producto, un servicio o un modelo de negocio explotado con éxito, que transforma perceptiblemente las demandas y necesidades de un mercado dominante y quebranta el sistema de negocio de los competidores clave de este mercado.
Es decir, que se produce un cambio brusco, incontrolado, que pasa a estar presente tanto en el comercio como en nuestras vidas, de manera que aquella nueva herramienta acaba por iniciar un periodo para cerrar otro antiguo. Son los ciclos de la tecnología y la necesidad, del mercado y sus clientes, pero también representan auténticas transformaciones en el devenir de la Historia y de la percepción que los seres humanos tenemos de nuestro mundo.
Cuando en 1450 aparece la imprenta, Gütenberg deja fuera de lugar la xilografía y la copia a mano. Y también se genera el primer gran terremoto informativo: los datos sobre la realidad, los pensamientos de los grandes filósofos, la ciencia, la comedia y la música escapan del interior de las bibliotecas monásticas y comienzan a circular por Occidente. El analfabetismo mantenido durante siglos por los pocos que sabían leer o escribir comienza a disminuir por primera vez, y el Humanismo tomará las riendas del arte y la filosofía.
El principio del fin de la hegemonía de la Iglesia, y una profunda modificación de los paradigmas científicos y sociales. Una innovación disruptiva dada por la nueva herramienta, cuya influencia alcanzaría más allá de la imaginación de cualquier papa, rey, o incluso del propio Gütenberg.
Ahora, la capacidad de almacenar esos mismos datos va multiplicándose exponencialmente año tras año. Primero nos asombramos por la posibilidad de introducir la Enciclopedia Británica en un espacio de milímetros cuadrados. Luego, llegó la Red y su comunicación permanente e instantánea en todos los rincones del planeta. Y hoy, toda esa renovación tecnológica está devorando muchas de las facetas del antiguo comercio, de la ciencia, del arte, y van emergiendo pensadores que lo avisaban, citados insistentemente por aquellos que son conscientes de la magnitud del cambio.
Tal es este cambio, que es la información la que ha venido a convertirse en una herramienta en sí misma. Como podemos comprobar en el libro Cultura mainstream, de Frédéric Martel, hay una lucha entre continentes por la hegemonía mediática. Esta guerra de la información se desarrolla desde los estudios, las productoras, los directores de contenido y su endémica relación con los poderes financieros y políticos.
Desde la FOX hasta Al- Yazeera, pasando por culturas como la de India o China (cine de última generación), todos pelean por su trozo de pastel, unas veces táctica puramente comercial, otras adulteración de los datos en base a los intereses respectivos, duplicándose en cada territorio nacional la estrategia a menor escala (no podía esperarse otra cosa, pues habitamos un Universo que se organiza copiándose a sí mismo).
Pero esta nueva herramienta también está en manos de millones de habitantes en todo el mundo: hemos penetrado en el interior de la abadía, los volúmenes de los grandes cerebros están a nuestra disposición y, bajo esa guerra de datos manipulados, los paquetes informativos sin adulterar circulan de barrio a barrio desde Melbourne a Varsovia. Un intercambio que ha herido de muerte a las agencias internacionales de prensa y su suministro procesado de noticias en un solo sentido.
Esta pureza informativa es la que dejará obsoleta la gran guerra de medios. La transparencia absoluta que anunciara Umberto Eco al hilo de los cables de Wikileaks es la gran innovación disruptiva a la que, después de un proceso tecnológico que ha transfigurado a la información en herramienta, asistimos en las calles con millones de personas reclamando otro mundo, otra realidad, otra forma de estructura.
Una alteración brusca en la conciencia y la percepción, que ya no cuadran en el mundo anterior. Sólo cuando se alcance la masa crítica de individuos informados, ese mundo cambiará para adaptarse a la nueva mente. Esperemos que sea pronto, y los que vimos el inicio podamos participar de su materialización.
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